
Para el antiguo Egipto, las estrellas de Orión eran Sah, la forma celeste de Osiris, dios del más allá y del renacimiento, que avanzaba eternamente por el cielo con la brillante Sopdet, nuestra Sirio, siguiéndolo como Isis. Los textos de las pirámides describen el alma del faraón ascendiendo para unirse a estas estrellas. Si las pirámides de Guiza reflejan a propósito el cinturón de Orión es algo que los estudiosos debaten, pero el amor de Egipto por esta constelación quedó tallado en piedra de todos modos.
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