
En diciembre de 2011, este cometa se zambulló directo a través de la atmósfera exterior del Sol, de un millón de grados. Todos los expertos esperaban que se evaporara. En cambio, Lovejoy salió por el otro lado, un poco maltrecho pero vivo, y le creció una gloriosa cola que los astronautas fotografiaron desde la Estación Espacial Internacional. Los cometas son más resistentes de lo que parecen.
🚀 Vuela hasta allí en el universo 3D