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La constelación más tenue del zodíaco, un cangrejo apagado que las luces de la ciudad borran con facilidad, pero esconde una joya: el cúmulo del Pesebre M44, un enjambre de cientos de estrellas visible a simple vista como una mancha brumosa en las noches oscuras. Galileo apuntó su primer telescopio hacia él y quedó asombrado al ver cómo la bruma se disolvía en estrellas.
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