
Una bola grandiosa y un poco achatada de unas 150.000 estrellas antiguas, y seguramente botín: su movimiento y su química lo vinculan con la galaxia Gaia-Encélado, que la joven Vía Láctea se tragó hace miles de millones de años. Muchos de nuestros globulares son trofeos de guerra de fusiones así, y todavía llevan el pasaporte de sus patrias perdidas.
🚀 Vuela hasta allí en el universo 3D