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Ningún planeta cambia con tanta fuerza: el lado diurno de Mercurio se cuece a 430 grados mientras que su lado nocturno, sin casi atmósfera que retenga el calor, se hunde por debajo de los 180 bajo cero. Eso es una diferencia de 600 grados entre dar la cara al Sol y darle la espalda. Los futuros visitantes no pelearían tanto contra el calor o el frío como contra la línea que los separa.
🚀 Vuela hasta allí en el universo 3D